Textos y críticas
(Cita incluida en diferentes exposiciones)
"Hoy antes del alba, subí a la colina, miré los cielos apretados
de luminarias, y le dije a mi espíritu: Cuando conozcamos todos estos
mundos y el placer y la sabiduría de todas las cosas que contienen, ¿
estaremos ya tranquilos y satisfechos? Y mi espíritu me dijo:
No, ganaremos esas alturas solo para continuar adelante"
Walt Whitman
(Texto para la exposición en Zuera, Sept. 2002)
Al terminar la primera talla de madera, me sentí orgulloso al haber
salvado de la leña aquel pedazo de tronco de haya. Me ha pasado también
con la piedra, este mármol hubiera terminado revistiendo un trozo de
cuarto de baño de una casa pudiente, este bronce hubiera sido un paquete
de piezas de grifería.
Me satisface haber contribuido a que cobren su protagonismo.
Pedro Jordán.
(Texto para exposición en Pamplona, Dic. 2002)
Es difícil para un escultor definir con palabras la línea de
su trabajo en sus diferentes aspectos. Esto lo debiera hacer una segunda persona
para conseguir un mínimo de objetividad.
Tampoco se puede hablar de una línea recta, sino de diferentes ramificaciones
tanto de estilo, como de pretensiones de comunicar diferentes sensaciones.
En un principio, podemos enmarcar estas esculturas dentro del arte figurativo,
aunque aparecen elementos abstractos y de estilización en la composición.
Hay una línea que quiere ser metafórica, donde vemos situaciones
que podemos trasladar a experiencias que hemos vivido alguna vez. No con intención
por mi parte de lanzar un mensaje, sino como planteamiento para la reflexión.
Otra línea es más estética, donde quiero reflejar la sensualidad,
elegancia, armonía,… de las Venus clásicas, con formas verticales
en movimiento como las "danzas", o más estáticas como
los "contrapostos". Pretendiendo que las sensaciones sean más
interiores que físicas o meramente visuales.
Los materiales también forman buena parte de esas sensaciones que me veo muy limitado a explicarlas verbalmente. Para ello utilizo la piedra, la madera y el bronce, que aparte de los condicionantes técnicos de cada uno, se sienten de diferente manera.
Espero que disfrutéis viendo y sintiendo esta exposición.
Pedro Jordán.
(Texto para exposición en Tudela, Sept. 2003)
Aquellas generaciones que consiguieron controlar el fuego, dieron un gran salto para diferenciarse de los demás animales. Al lado de las llamas estaban a salvo de sus enemigos naturales. Se podía alargar la actividad diaria, puesto que iluminaba lo que estaba alrededor de la hoguera. Produce calor, lo que es muy agradable al caer la noche. Todo esto sin contar la preparación de alimentos, que al parecer apareció mas tarde.
Todas estas características del nuevo hallazgo, influyeron sin duda en el desarrollo de la socialización del hombre, reuniéndose los grupos al oscurecer el día, alrededor de la hoguera, cansados de la actividad diaria, sentados en el suelo mirando las llamas "encandilados". Seguramente en esta situación cambiaba el liderazgo del grupo, donde ya el más importante no era el más fuerte, sino el que mejor contaba las cosas que habían sucedido durante el día, el más inteligente.
Hasta podríamos pensar que la característica social de las relaciones humanas fue adoptando metafóricamente las cualidades del fuego: la atracción, el calor, el placer, la protección,… y el peligro de forma inseparable.
Tienen las llamas algo de extraterrenal, de sobrehumano. No pesan nada, al contrario suben hacia arriba desafiando la fuerza de la gravedad de forma tranquila o virulenta, siempre serpenteante, con una plasticidad y elegancia que nos embelesa su continuo movimiento. Tienen luz propia, nos reconfortan, nos relajan, nos hipnotizan, y hacen aflorar en nuestro interior las diferentes pasiones. Estas características nos hace relacionar las llamas con la experiencia mística, espiritual. En las diferentes religiones se utiliza la llama como elemento de participación, simbolizando almas que han traspasado la barrera de lo terrenal.
El planteamiento no ha pretendido ser meramente estético. Aparece el
principio de la verticalidad como símbolo de vida. Al menos en la especie
humana, la verticalidad refleja actividad y vida, ya que es necesario un esfuerzo
para mantenerse en pié. Cuando descansamos o morimos, se transforma la
posición en horizontal.
Paradójicamente, el fuego en la naturaleza es la anticipación,
la premonición de la destrucción, de la consumición de
la vida, de la muerte.
De alguna manera estamos viendo una estructura vertical siempre de forma transitoria,
como anticipación inexcusable hacia la horizontalidad, hacia la estabilidad,
hacia la muerte.
Nada puede permanecer vertical eternamente. Aunque los árboles puedan
vivir varios miles de años, al final mueren y caen. Las montañas
están imperceptiblemente en continua erosión, buscando la estabilidad
horizontal.
La fugacidad es otra de sus características. En un momento consume el fuego lo que la naturaleza ha tardado tiempo en construir de forma constante y lenta, ofreciendo en su destrucción un espectáculo de luz y calor. Fugacidad que podemos aplicarla a otros campos: el confort, el bienestar, la salud, la juventud, la belleza,….
En estas esculturas presentadas, la relación metafórica utilizada constantemente con la figura femenina, es sobre todo visual, estética y plástica. Pero también quiero ampliar esa conexión con las características del fuego y las llamas descritas.
En realidad, un teórico nos explicaría que el fuego es una mera reacción fisico-química, propiedad de algunos materiales, que sometiéndolos a la temperatura de ignición y con aportación de oxígeno, son capaces de emitir gases que combustionan, produciéndose así una reacción en cadena, y liberando con ello una cierta cantidad de energía.
Pedro Jordán.
(Crítica de exposición en Madrid, Oct. 2001)
Pedro Jordán. Un autor que desde 1993 ha logrado abrirse hueco en el
difícil panorama de la escultura, que ahora presenta sus últimas
obras en Madrid.
Estamos ante un artista del volumen y las formas que no se muestra ajeno a ninguna
de las materias propicias para el ejercicio de la disciplina. Así, piedras,
maderas y bronces, son trabajadas con espíritu de entrega en lo que supone
un continuo diálogo con la materia. En este sentido, con verdadero deleite
trabaja y hunde sus gubias sobre la madera a la que dota de tacto sedoso, de
movimiento acompasado, de cadencia armónica por donde los resquicios
se suavizan hasta restar aristas. La piedra, le proporciona, al igual que la
madera, el reto de medirse a la tradición; también, el lenguaje
de la caricia como atributo a escala de contraste con lo inacabado. Es así
como el bronce recoge en su obra la lección más dura, afrontando
a través de él los gestos más tensos, la impronta más
desgarrada y los motivos más dolientes. Y es que la obra de este escultor,
se nos presenta como un "recital" (título de una de sus obras),
en el que cada parte ostenta las cualidades que nos trasmiten esas ideas de
fondo. Ideas siempre pendientes de lo humano, su condición y los conceptos
que le rodean.
(Galería Azteca. General Pardiñas, 48. Hasta el 15 de Octubre)
JUAN ANTONIO TINTE, crítico de arte.
El punto de las artes, núm. 627